Shavuot: Mujeres e identidad

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La cercanía de Shavuot nos invita al pequeño ejercicio de leer el texto de Meguilat Rut ubicando a la mujer en el centro de nuestra lectura.

Tratemos de imaginarnos la escena de una mujer que pierde a su marido y a sus hijos (Naomí, suegra de Ruth) y se encuentra totalmente desposeída y desprotegida en un país extranjero. Naomí, tiene la fuerza de emprender el camino de regreso. Hay quienes querrán ver en ese acto debilidad y no fuerza, sin embargo, Naomí no queda paralizada, saca fuerza de flaquezas y actúa. El libro de Ruth bien podría ser el de Naomí, pero lo es de Ruth porque ella asume aún mayores compromisos y riesgos.
Ruth, que bien podría haber permanecido con los suyos, elige partir. Elige cambiar. Aquí se plasman sus características y su capacidad de transformar, de actuar, de renovarse y de elevarse espiritualmente. Una tenue trama casi invisible la une con Ester, otra de las grandes mujeres de la historia del pueblo judío, que a su tiempo y circunstancias debió enfrentarse con dificultades que también la forjaron para decidir por sí misma.   Ester y Ruth, están unidas en la búsqueda de su identidad. Ambas optan por ser judías cuando bien podrían haber elegido no serlo.
Ruth y Ester arriesgaron en su elección parte de su propia vida. Sus inicios en el judaísmo no son rituales sino existenciales. Ester que había ocultado su identidad, podría haber continuado con la farsa, sin embargo, activa y valientemente se presenta con su verdadera identidad al soberano y ayuna durante tres días y tres noches. Tal vez, fueron esas jornadas significativas de recogimiento y reflexión de las que va a salir fortalecida para poder actuar comprometidamente. Ester puso en peligro sus privilegios y su vida para iniciar el camino solidario con su pueblo.
La transformación de Ruth es todavía más radical. De la ajenidad a la pertenencia. De un destino lejano a asumir el nada simple destino histórico del pueblo judío. No es sólo el destino de Noemí el que eligiera acompañar. Con él, recibía su fe y su destino nacional. Rut corta con la casa materna, como Abraham con la suya y se incorpora al pueblo por elección y por fe,  se convierte en el paradigma de quienes eligieron a lo largo de la historia, incorporarse al pueblo judío guiada por una convicción inquebrantable y no por conveniencia o por moda.
Rut y Naomí, que supieron aceptar el dolor con amor, que encontraron maneras de superar el duelo y la desesperación, la angustia y la depresión, son inscriptas en la historia como ejemplos de un modelo de mujer. Mujeres, que en la lucha por sus derechos, se animaron también a acciones que todavía en nuestros días, a 3000 años de distancia, se ven como temerarias.
Fragmento del texto: Mujeres e identidad